El Amor para un matemático!!!!
Eres mi incógnita
en la regla de tres:
por cada beso que me das,
yo multiplico el deseo
y si uno se va,
¿cuántos suspiros necesito
para volver a encontrarte?
Entre fracciones me pierdo en tus mitades,
sumo tus partes sin común denominador,
y descubro que la pasión solo se simplifica
cuando te integras toda a mi ser.
Tus caricias son ecuaciones de primer grado,
me desvelan buscando la x de tu cintura,
y aunque despeje términos y agrupe razones,
sólo encuentro respuestas en cada roce.
Factorizo tus abrazos,
divido los miedos, reduzco el pudor,
y simplemente tú eres el único factor irreducible
que no se cancela ni resta en mi corazón.
Aplicando propiedades,
el conmutativo no importa:
puedes venir tú primero,
o puedo ir yo después,
el orden del placer no altera el producto.
Las ecuaciones se resuelven
igualando sentimientos,
si hay pasión en ambos lados,
la igualdad se convierte en beso
y el resto se va con el viento.
Reduzco distancias con la mente,
multiplico los sueños con tu voz,
y si nos sumamos, no hay resta ni división
que pueda deshacer este resultado único.
Así, entre operaciones básicas y propiedades especiales,
concluyo que la matemática más hermosa
es la que se hace contigo—sin calculadora y sin miedo,
sumando los instantes, multiplicando las ganas
y factorizando la noche entre tus brazos.
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En el terreno de Descartes trazo tus coordenadas,
y mis deseos son puntos que buscan
la ecuación perfecta de tu cintura,
como Euclides soñando paralelas
que se cruzan solo en el infinito de tu boca.
Pitágoras calcula distancias,
pero yo prefiero hallar la hipotenusa entre tus piernas,
sumando catetos imaginarios en la noche,
resolviendo triángulos de pasión.
Newton observa la tasa de cambio,
pero sólo tu sonrisa deriva mis emociones,
y en cada instante intento hallar
ese límite en el que te vuelves infinita.
Gauss supo de curvas normales,
pero ninguna se compara a la campana de tu espalda
donde mis dedos trazan distribuciones prohibidas
y la media es el centro de nuestro universo.
Eres mi incógnita X favorita,
y yo el despeje burbujeante de tus ecuaciones,
resolviendo cada parte por el método de completar el cuadrado
hasta llegar a tu respuesta perfecta, irrepetible.
Los logaritmos me enseñaron a crecer despacito,
pero contigo la base de mi deseo
exponencia sin remedio cuando roza la razón.
Y si el cálculo básico fue la clave de la secundaria,
descubrí que el verdadero teorema
se demuestra cuando tus labios y los míos
se suman y no dejan resto.
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En la curva inquieta de tu espalda,
encuentro el punto de inflexión que separa
el deseo creciente de la pasión decreciente,
como quien deriva la suavidad de una caricia
hasta alcanzar su máximo absoluto.
Eres mi función continua y perfecta,
y yo tu variable indecisa,
sumando límites en el horizonte de tu boca
buscando convergencia en el abrazo.
Integrarte es mi placer infinito,
recorrer cada diferencial de tu piel,
sintiendo el área bajo la curva
de tus suspiros extendidos al ocaso.
En el teorema de tus piernas,
encuentro la derivada de mi ansiedad,
y el desarrollo en serie de besos
se aproxima con rapidez admirable
a tu punto de contacto ideal.
Tu mirada es la tangente que roza mi alma,
y yo la secante que busca tocarte más profundo,
argumentando, entre sumas y restas,
la ecuación secreta de tu deseo.
Si eres mi función compuesta,
yo quiero ser el operador que te transforma,
multiplicando instantes, dividiendo miedos
y resolviendo sistema de ecuaciones
en el universo de tus brazos.
Y así, entre cálculos y anhelos,
demuestro que la única integral definida
de mi felicidad es el intervalo exacto
donde tu cuerpo y el mío
se encuentran en perfecta continuidad.
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