El Sembrador y el Cristal


No hubo iglesias de piedra, ni dogmas en latín,
bajo el sol de Judea, entre el polvo y el lino;
fue un hijo de Israel, de un linaje genuino,
quien buscó en la Torá su principio y su fin.

No se llamó "cristiano" el profeta en su andar,
sino voz del desierto, de un pueblo y su rito;
su palabra era pan, un anhelo infinito
de encontrar en lo humano lo divino del hogar.

Pero el tiempo es un cauce de aguas divididas,
y tras la cruz, el eco se volvió arquitectura;
surgieron los concilios, la norma, la estructura,
y mil voces distintas por la fe sostenidas.

 * Gnosis y disputa: En el alba del credo,
   donde unos veían luz, otros veían hombre;
 * La tinta y el fuego: Definiendo un nombre,
   entre sínodos graves y el temor del miedo.
 * La razón despierta: Que el juicio no ciegue,
   que el entendimiento sea nuestra balanza;
   pues no pierde el espíritu su santa esperanza
   cuando pide que el dato a la mente se entregue.

"Comprender que el roble nació de una semilla 
distinta al bosque que hoy lo rodea, 
no le quita sombra a la fe, 
sino que le otorga la luz de la verdad histórica.

Que la razón sea el puente, el entendimiento el guía,
para ver al maestro tras el velo del mito;
ni uniforme es la historia, ni el dogma es fortuito,
es el hombre buscando su propia armonía.


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